martes, 30 de enero de 2007

SALVADOR TÁVORA Y EL ESTATUTO


Dice Galileo que el número de tontos es infinito. En Andalucía, añadiríamos, también el de pesebreros. Hoy toca uno del segundo grupo: Salvador Távora.

Está publicando el diario El Mundo (edición de Andalucía) unas entrevistas sustanciosas a ciertos personajes de la vida andaluza para conocer su opinión sobre el Estatuto. El pasado 26 de Enero le tocó al dramaturgo Salvador Távora, el Sófocles andaluz.

Nuestro Eurípides se encuentra henchido de emoción porque el Estatuto ha puesto de acuerdo a PSOE y PP. Desde ese día tiene revueltos los hematíes, quizás porque de esta forma se asegura el cobro de las subvenciones gobierne quien gobierne, en el caso de que algún siglo de estos el PP gane las elecciones en Andalucía.

Inquirido sobre la apropiación en exclusiva del flamenco responde nuestro dramaturgo que él no piensa que esto sea así, sino que por el contrario es “como un reconocimiento institucional a una seña de identidad que nos pertenece”. Es decir, el andaluz y el flamenco (o lo que ahora se entiende por flamenco claro, pero esto es otro debate), son uno y lo mismo.

¿Y la filosofía pertenece a nuestra identidad o no?, porque en esta tierra nacieron Séneca, San Isidoro, Averroes y Maimónides entre otros. ¿O es que esto no interesa reseñarlo porque entonces se desmonta el chiringuito?. ¡Ay estos progres de salón!.

En la entrevista no sólo vemos al Távora artista, sino al Távora empresario. Dice que “el arte no puede estar condicionado por las ayudas oficiales. Las subvenciones pueden ser un complemento, un apoyo. Nosotros ahora mismo, por ejemplo, estamos construyendo un teatro (….) pero más de la mitad del proyecto lo arriesga uno mismo”. ¡Sopla!. Y el tío se queda más ancho que pancho. ¿Y cuánto arriesgan las familias cuando se compran una casa?, ¿y cuánto arriesga cada trabajador diariamente?.

A Távora, que desde luego pobre no es, lo tenemos que ayudar entre todos. Los pobres dando dinero a los ricos. Quizás sea este el espíritu de lo andaluz que, según él, hay que recuper: el de la cara dura.