martes, 2 de enero de 2007

GREGORIO Y BASILIO


Traigo a mi blog la memoria de San Gregorio Nacianceno o Gregorio el Teólogo (329-389) y de San Basilio Magno (329-379), no sólo por ser hoy su festividad sino por la importancia de ambos personajes en la Historia de la Iglesia en particular y de la humanidad en general.

Importantes porque estos dos santos eran grandes teólogos y además se batieron el cobre en primera línea, sin engaños ni soflamas propagandrísticas que es lo que les va a los de la teología progre de ahora.

En el año 367, durante la carestía que sufrió la Capadocia, Basilio se encargó del abastecimiento además de organizar la ayuda a los necesitados. Su gran sensibilidad con los que menos tenían le llevó a fundar hospicios y leprosarios (sin necesidad de ayudas estatales ni subvenciones del Gobierno de turno).

Como teólogos y filósofos la importancia es mayúscula. En su lucha contra el arrianismo, Gregorio y Basilio "se encontraron frente a una actitud análoga a la de los deístas del siglo XVII: una racionalización del dogma cristiano realizada espontáneamente por espíritus sensibles al valor explicativo de la fe cristiana, pero preocupados por reducir los misterios que ésta contenía a las normas del conocimiento metafísico", como decía el profesor Gilson (La filosofía en la Edad Media, pág. 62).

En síntesis podemos decir que San Basilio defendió la consustancialidad del Hijo con el Padre y la divinidad del Espíritu Santo. También Gregorio Nacianceno defendió la divinidad del Verbo en sus Oraciones y amplió y esclareció la doctrina del Espíritu Santo.

Ellos fueron verdaderamente teólogos, es decir fueron fieles a la Santa Tradición, la Sagrada Escritura y al Magisterio de la Iglesia, tal como dice el artículo 95 del Catecismo de la Iglesia Católica. Precisamente lo contrario de los ¿teólogos? que pululan por los medios de comunicación, especialmente afines al socialismo rampante y que no son fieles ni a la Tradición, a la Escritura y al Magisterio de la Iglesia, como los de la Asociación Juan XXIII.

No me gustaría terminar sin hacer referencia a uno de los puntos en los cuales los capadocios trabajaron: en la consustancialidad del Hijo con el Padre. ¿Por qué?, pues precisamente porque lo que se cultiva en la actualidad no es el conocimiento de Cristo, sino el de Jesús. Se ha separado al Jesús de la historia con el Jesús de la Iglesia como si fueran dos cosas distintas, cuando realmente son los mismo.

Jesucristo es verdadero Dios y verdadero Hombre, como enseña la Escritura. Como siempre ha pregonado la fe de la Iglesia. El Jesús que nos quieren vender estos gusarapos no vale nada: primero porque lo que dicen y cuentan es mentira. Segundo, sus ideas comparadas con la de Aristóteles no tienen nada que hacer (no construyó ningún sistema metafísico).Tercero, como líder fue un fracaso, ya que escogió a doce hombres y uno de ellos lo traicionó y el resto huyó en el momento de la verdad. Y cuarto y último, si es sólo hombre, ¿cómo puede redimir al género humano?.

Jesucristo es el Hijo de Dios Vivo, es Dios y Hombre. Igual a nosotros excepto en el pecado. Así lo enseñó Él. Así lo demostró con la Resurrección. Así lo comprendió y lo enseñó, enseña y enseñará la Iglesia por Él fundada.

Por todas estas razones, he querido traer hoy a mi página a estas dos lumbreras de Oriente. Porque ellos iluminaron el camino de toda la cristiandad.