miércoles, 13 de julio de 2011

Un arzobispo con kipá



Esta mañana, mientras tomaba café, vi, con estupor, en la sección sevillana del diario El Mundo una foto publicada en web de la Archidiócesis, donde aparece el Arzobispo de mi Diócesis, Monseñor Asenjo Pelegrina, ataviado con la tradicional kipá judía ante el muro de las Lamentaciones.

Hay que decir que la cosa no deja de tener su gracia: el Arzobispo de Sevilla se atavía con el kipá, judío, y no oficia ni se le conoce asistencia, a la Misa Usus Antiquior, católica. En ese caso, además, sería una buena oportunidad de verle con el manípulo, muy católico, por cierto.

Estas son las contradicciones de la Iglesia postconciliar, esfuerzos inútiles que no sirven para nada. Con kipá o sin kipá, la verdadera forma de acercarse a los judíos es con el Evangelio, todo lo demás son juegos de salón que no sirven para nada.

Lo problemático de estos gestos y signos es la fuerza con la que se imponen. Los medios audiovisuales de comunicación impresionan con gran fuerza la mente de los sujetos, con el peligro que, al no requerir ningún esfuerzo en la interpretación y discernimiento de lo que se ve, la interpretación se desarrolla libremente en la mente del observador. Por ejemplo, ante esta fotografía, cualquier fiel se podría preguntar si la kipá se ha convertido en un elemento católico, o sea.

La kipá no es sencillo gorro con el que cubrirse la cabeza, sino un elemento con una carga semántica que no se puede separar de la cosa en sí, contenido semántico unido al judaísmo. No es un elemento abstracto, vacío, al que se le dota de significado. Es como el rosario, cuyo contenido semántico no es el conjunto vacío, aunque en nuestra sociedad postmoderna se haya pervertido su uso convirtiéndolo en un adorno, como un vulgar collar. No hay sonidos vacuos, signos vacíos.

Yo no me imagino a San Isidoro, a San Leandro y al Beato Marcelo Espínola con la kipá en la cabeza. Menos aún a D. Pedro Segura. Tampoco me imagino la impresión que habrá creado en los cristianos que viven en Jerusalén, la presencia de un Arzobispo cubierto cubierto con el gorro judío, especialmente aquellos que, como el Señor, reciben salivazos de algunos hebreos.