jueves, 21 de abril de 2011

Triduo sacro y piedad popular


Cuentan los expertos que el traslado de la vigilia pascual de la noche del sábado, a la mañana del mismo día, ocurrió durante el siglo XIII. Desde entonces hasta el año 1.955, la Semana Santa se celebró de esa manera. Fue bajo el pontificado de Pío XII, cuando se iniciaron una serie de reformas en la Liturgia que, sin solución de continuidad, desembocaron en el Novus Ordo de Paulo VI.

Entre los muchos puntos que se retocaron – reformaron en la celebración de la Semana Santa, me gustaría destacar dos de ellos: el primero, la obligación de celebrar los Oficios del Jueves y del Viernes Santos por la tarde, y el segundo, el traslado de la Vigilia Pascual a la noche del Sábado Santo. Hay que decir, por cierto, que la hora propia para la celebración de la Vigilia Pascual era tras la hora de Nona, como en todos los días de Cuaresma. Es en el Decreto de Graciano, donde encontramos que la Vigilia Pascual debe comenzar al principio de la noche. Sin embargo, la Iglesia anticipaba este servicio a la mañana del sábado ya que la Vigilia Pascual no es una primera Misa de la Resurrección, sino una vigilia, estar en vela. De hecho, el carácter incompleto de la Misa, que omite el Introito, el Credo, la antífona del ofertorio, el Agnus Dei y el Beso de la Paz, indica claramente que la Iglesia, todavía espera la manifestación del Señor Resucitado. Algo similar ocurre en el Rito Bizantino, cuya Divina Liturgia se celebra en la mañana del Sábado Santo. La reforma del Papa Pío XII, no restaura la Vigilia Pascual a su horario tradicional, por llamarlo de alguna manera, tras Nona, sino que ordena que la Vigilia comience alrededor de la media noche.

Aparte de la digresión sobre la Vigilia Pascual, ¿por qué quiero apuntar a estos cambios en concreto? Principalmente por la implicación sensible que tuvieron en la piedad popular, lo que provoca que la armonía existente antaño entre la piedad popular y la Liturgia, chirríen hogaño.

Personalmente, no me gusta tener que decidir entre dos bienes, especialmente cuando ambos son compatibles, incluso cuando uno es mayor que el otro, y el segundo esté orientado al primero. Precisamente esto era lo que sucedía antes del año 1.956. Los Oficios del Jueves y Viernes Santos, se celebraban por la mañana mientras que, por las tardes, se acudía a las procesiones de Semana Santa y a visitar los Monumentos de las Iglesias, las mujeres ataviadas de mantilla. La piedad popular se amoldó perfectamente a la Liturgia, formándose un todo muy bien engranado, donde el piñón era la Liturgia y la corona la piedad popular.
Sin embargo, la reforma litúrgica también repercutió de qué manera en la piedad popular. Setecientos años no son una tontería. En el caso concreto de mi tierra, Sevilla, la reforma parió el Sábado Santo como día de procesiones. Después, y gracias al cardenal Bueno Monreal, vendrían los quebraderos de cabeza cuando le dio por convertir en hermandad de penitencia una hermandad de gloria, la Resurrección, que hoy reclama, con toda razón, un lugar en el Sábado Santo.

Siguiendo con el caso de Sevilla – sería bueno que pasó en otras localidades –el Jueves y Viernes Santos ( madrugada y tarde) procesionan las cofradías más granadas y antiguas de la ciudad – mejorando las de los días anteriores -, como puede ser la de los Negritos, con muchos privilegios e indulgencias concedidas y cuyos hermanos, por ejemplo, no pueden asistir a los Oficios del Jueves Santo. Por otra parte, la práctica piadosa de visita a los Monumentos queda un poco desencajada, ya que si se hace por la mañana, el Señor no está y por la tarde, las Iglesias están celebrando la Misa In Coena Domini. Visto con pulcritud, rectitud y escrupulosidad, resulta un absurdo que en las Iglesias se celebren los Oficios, mientras hay procesiones en la calle.

Por otra parte, y en un sentido más amplio, tenemos los abusos que se dan en la celebración de la vigilia pascual, como puede ser el celebrarla en una hora en la que todavía no se ha echado la noche.

Dicho todo lo anterior, ¿no sería una pastoralmente beneficioso volver a la práctica anterior, respecto al horario de celebración del Triduo Sacro, especialmente en aquellas localidades donde haya unas prácticas de piedad profundamente arraigadas (las procesiones de Semana Santa, por ejemplo)? Sería una manera de salir de esta absurda contraposición entre dos bienes y de realzar el misterio de nuestra Redención.

Sé que muchos aducirán, lo mismo que con el Motu Proprio, que no hay fieles que reclamen estos cambios, pero también es cierto que a los fieles no se les puede tratar como el resultado de un estudio de mercadotecnia.

Lo importante y fundamental, es la salvación de las almas.

«Salus animarum suprema lex est»