viernes, 29 de abril de 2011

¿Cómo se celebraba la Liturgia del Viernes Santo antes de la reforma de Pío XII? (y II)

Una vez acabada la adoración de la Santa Cruz, entramos en la última parte de la celebración litúrgica del Viernes in Parasceve, la Misa de Presantificados.

El Viernes Santo, donde el mundo entero aparece salpicado de sangre en el Calvario, el trono de la Cruz, donde reina Cristo, el Hombre – Dios, la Iglesia no renueva el Sacrificio del altar: se consumen las Especies eucarísticas del Jueves Santo, de ahí el nombre de Misa de los presantificados, porque las ofrendas han sido anteriormente santificadas. La Misa de los Presantificados fue eliminada con la reforma del papa Pío XII

Terminada ya la adoración de la Cruz, se encienden las luces del altar, y el diácono procede a extender los corporales sobre el altar, situando al lado el purificador. La Cruz se devuelve con reverencia al Altar, ordenándose la procesión hasta el Monumento. Llegados al Monumento se encienden las velas que no se apagarán hasta terminar la Comunión. El sacerdote se arrodilla y reza un rato, mientras el diácono saca el Santísimo Sacramento de la urna donde está reservado.



A continuación el celebrante se alza e inciensa al Sacramento y, velándolo, lo lleva al Altar en procesión bajo palio. Dos turiferarios sahumerian al Santísimo.

En la procesión se canta el himno Vexilla Regis.




En llegando el sacerdote al Altar y colocado el cáliz, se arrodilla y vuelve a incensiar el Santísimo. El sacerdote, coloca la sagrada Hostia en la patena. El diácono, le da la patena al celebrante, pone el Cuerpo de Cristo sobre los corporales, en silencio. Mientras tanto el diácono vierte vino en el cáliz y el subdiácono, agua. Luego pone incienso, sin bendecirlo, y sahumeria la Oblata el altar, pero no al sacerdote.

El sacerdote, se retira hacia el lado de la Epístola y se lava las manos, en silencio; vuelve al centro del Altar y dice la oración In spiritu humilitatis, tras lo cual, medio vuelto al pueblo, dice el Orate, fratres, al que no se contesta.



El celebrante, como de ordinario, reza el Pater noster, seguido del Libera nos. No se signa con la patena, con la cual, tras arrodillarse, toma el Sacramento y lo eleva, dividiéndolo a continuación en tres partes sobre el cáliz; una de ellas la pone en el cáliz sin decir Pax Dómini, ni Agnus Dei, prosiguiendo el celebrante con las oraciones Perceptio Corporis tuis, Panem caelestem, Domine non sum dignus (tres veces)y Corpus Domini, antes de consumir el Cuerpo de Cristo y el contenido del Cáliz.

Siguen las abluciones, como en una Misa normal, pero sin rezar nada. Al final, con las manos apoyadas sobre el altar, inclinado, dice la oración Quod ore súmpsimus, Dómine; los ministros haciendo reverencia al altar vuelven a la sacristía en silencio.

Los crucifijos de los altares quedan ya descubiertos.

He intentado aproximarme a lo que sería la celebración del Viernes Santo, antes de que el papa Pío XII hiciera la reforma de la Semana Santa. Si hay algún error, ruego me disculpen.
Como ya anticipó un lector en el artículo anterior, las fotos están tomadas de la celebración del Viernes in Parasceve en la Iglesia de San Clemente, una parroquia Anglo – católica en la diócesis episcopal de Pensilvania, que han conservado el rito romano tal cual. Desconozco si esta comunidad habrá pensado en integrarse en la Iglesia Católica, como muchos de los anglo-católicos. Si fuese así, el rito romano sin reformas volvería a la Iglesia Católica por esta vía, cosa que sería, ciertamente sorprendente.

Fuente: The Saint Lawrence Press Ltd