jueves, 19 de mayo de 2011

Breves notas en torno a la instrucción Universae Ecclesiae

A poco más de una semana de la publicación de la instrucción sobre la aplicación del Motu Proprio Summorum Pontificum, los comentarios y escolios en la red se han venido sucediendo a dicho texto. Para unos, el documento se queda demasiado corto, para otros, es un avance, en todo caso, es un motivo de alegría. La Liturgia Usus Antiquior es un tema que suscita el interés, lo que no deja de ser altamente positivo.

Que el Papa haya dedicado un motu proprio a tal asunto y que la comisión Ecclesia Dei haya dedicado una instrucción sobre la aplicación del motu propio, quiere decir que no es un asunto para nostálgicos, sino que está poniendo la Liturgia en el centro de la vida de la Iglesia. Como decía el Papa en la audiencia concedida a los miembros del Instituto Litúrgico San Anselmo, la Liturgia es el «sujeto capaz de renovar la vida cristiana». En este sentido, dicha instrucción está en continuidad con las enseñanzas del Romano Pontifice sobre Liturgia, enseñanzas que se encuentran espigadas tanto en sus catequesis como en sus homilías. En este sentido, el documento es un hito más en el camino iniciado por el Papa reinante.

Lo primero que me ha llamado la atención de la instrucción, es el reconocimiento que se hace del aumento que se está produciendo entre los que piden la forma extraordinaria, con lo que el prejuicio que se arroja sobre los que piden la forma extraordinaria, a los que hace aparecer como nostálgicos de formas pasadas, queda anulado. Estamos hablando de otra cosa, de la Liturgia y de la espiritualidad. Que se reconozca que el número de los que se acercan al Usus Antiquior va en aumento es bueno.

El corazón - por llamarlo de alguna manera – de esta instrucción, se encuentra en el punto octavo. El fin de la instrucción se desglosa en tres apartados:

a) ofrecer a todos los fieles la Liturgia romana en el usus antiquior, considerada como un tesoro precioso que hay que conservar;
b) garantizar y asegurar realmente el uso de la forma extraordinaria a quienes lo pidan, considerando que el uso la Liturgia romana que entró en vigor en 1962 es una facultad concedida para el bien de los fieles y, por lo tanto, debe interpretarse en sentido favorable a los fieles, que son sus principales destinatarios;

c) favorecer la reconciliación en el seno de la Iglesia.

Lo que se dice aquí está claro, pero existe otra parte que está entre líneas, que no se explicita pero que se puede deducir a tenor de lo anterior.

Por una parte, si el Usus Antiquior es un tesoro que se ofrece a los fieles, es para mostrarlo, no para esconderlo en un cajón. Las joyas se llevan puestas, no se guardan en los cajones. Por otra patre, si hay que garantizar y asegurar el uso de la forma extraordinaria a los que la pidan, es porque antes no se hacía. Había dificultades que impedían llevar a la práctica una relevante expresión del magisterio del Romano Pontífice y del munus que le es propio. Lo que en tiempos de Paulo VI fue una oposición activa y estruendosa hoy continúa de forma silenciosa.

Si a esto, unimos lo que se expone al principio del documento:

cada Iglesia particular debe concordar con la Iglesia universal, no solo en cuanto a la doctrina de la fe y a los signos sacramentales, sino también respecto a los usos universalmente aceptados de la ininterrumpida tradición apostólica, que deben observarse no solo para evitar errores, sino también para transmitir la integridad de la fe, para que la ley de la oración de la Iglesia corresponda a su ley de fe

la cosa aquiere tintes dramáticos. Me viene a la memoria el caso de Thiberville, o el de aquellos obispos que han acogido el motu proprio con displicencia en sus diócesis, fijándose en la letra, el punto y la coma del motu proprio, no con un corazón generoso, armonizado con el de la Iglesia universal (con – corde), agradecido, propio de aquél que acoge un tesoro, la Liturgia Antigua, la que siempre se ha usado en la Iglesia

Ahora bien, lo más duro es lo que se apunta en el tercer apartado:

c) Reconciliationi in sinu Ecclesiae favere.

ya que se reconoce la existencia de una herida abierta en la Iglesia a causa de la Liturgia, cuyo origen temporal se encuentra en la promulgación del Novus Ordo - ¿o es el Vaticano II? Hay que notar el desplazamiento temporal que nos encontramos entre el punto 4 y el siguiente. En uno se habla de la reforma litúrgica posterior al Vaticano II, mientras que en el punto 5 se habla de fieles formados en las formas litúrgicas anteriores al Concilio -. Ahora bien, si tenemos en cuenta que el Usus Antiquior es un tesoro a conservar, una forma venerable y antigua – con todas las connotaciones que tiene el adjetivo «venerabilis» -, es lógico que fuese motivo de discordia.

En el mismo sentido, contrasta el deseo de los fieles que « formados en el espíritu de las formas litúrgicas anteriores al concilio Vaticano II han expresado el vivo deseo de conservar la tradición antigua», y a pesar del llamamiento realizado por Juan Pablo II a los obispos pidiéndole generosidad, ha hecho falta la promulgación del motu proprio para favorecer la reconciliación en la Iglesia.

Finalmente me gutaría acabar con una reflexión. La cuestión de la Liturgia descansa ahora en manos de los sacerdotes, fieles y órdenes afectos al Usus Antiquior y la labor que puedan desarrollar en este asunto. Es importante que la Misa se celebre en las parroquias y que el grupo estable de fieles del que habla el documento, sea realmente tal, es decir, imbricado en la vida parroquial. Partiendo de la Liturgia a través de las catequesis, será la manera en la que se recupere no sólo la Liturgia, sino la doctrina. Las iglesias donde actualmente se celebra la Misa tienen que ser centros de irradiación hacia las Parroquias. El objetivo no es que se celebre una misa dominical según la Forma Extraordinaria en cada ciudad, sino de expandir y promover el Usus Antiquior.