miércoles, 2 de abril de 2008

La Sexta, ¡qué tele más molona!


El pasado 19 de Marzo, el programa canónico (de canon digital, impuesto que con talante nos quieren colar) «El Intermedio», conducido por Pablo Carbonell emitió una grabación de la salida de la Hermandad del Cerro del Águila donde un periodista dicharachera – como Gustavo – y pizpireta, hacía mofa y befa de la Semana Santa de Sevilla.

De la Sexta no podemos esperar otra cosa. Tras su llamada a la denuncia de símbolos franquistas ahora ridiculizan las procesiones de Semana Santa, procesiones que en Sevilla salen sólo desde hace 700 años, pero claro los progres son así, tampoco se les puede exigir más.

La entrevistadora, que habla con faltas de ortografía, está al nivel esperado del conductor, Pablo Carbonell, que encima es de Málaga, para más inri, es decir, que conoce perfectamente el daño que ocasiona con este tipo de programas.

Pero si los promotores son nefastos tampoco podemos dejar atrás a los que se prestan al juego, los que confunden la Semana Santa con el Gran Hermano. ¿Cómo es posible que la saetera cante una saeta al micrófono?. ¿Y el músico?. Pero, quizás, lo más patético sean los costaleros. Sólo el nazareno de la vara está en su lugar: avisa al despistado y echa a la periodista, su actuación exculpa a la Hermandad, aunque la Hermandad ha hecho público un comunicado en respuesta al video de marras.

Ahora bien, visto lo visto, no podemos decir nada más que nihil novum sub sole. Las hermandades son las agrupaciones que más han sufrido la mala interpretación del Concilio Vaticano II, es decir, la de aquellos que confundieron que se cambiaría el Evangelio por la lucha de clases. Sacerdotes y Obispos despreciaron esta forma de religiosidad cercana al pueblo y por el que la Iglesia siempre había mostrado mucho amor. También vigilancia, porque quizás sea la más sencilla de malear.

El vacío provocado por los pastores fue ocupado por el PSOE. El profesor Sánchez Herrero lo cuenta de esta manera en la página del Consejo de Cofradías de Sevilla

11) La religiosidad popular, 1980 en adelante.

Un nuevo hecho tiene lugar en la España de los años 80, al margen de las reformas conciliares y sinodales y, en gran medida, fruto de la política del momento, un hecho inquietante, en cierta medida, que denominamos el despertar y aprovechamiento de la religiosidad popular. Ya el mismo Concilio Vaticano II en su Constitución sobre la Sagrada Liturgia, números 30 al 47, admite la incorporación de los elementos populares e indígenas a la liturgia. Estos elementos van a ser defendidos desde otras instancias, desde la política izquierdista hispana, que se apoyan en el pensamiento del italiano Antonio Gramsci (1891-1937).

Gramsci realizó un análisis del catolicismo, el más crítico, agudo y penetrante de todos cuantos se han hecho desde la perspectiva del ateísmo político y filosófico. Se preocupa en sus obras de los elementos populares e indígenas, sean o no religiosos, pero como integrantes de una cultura político-filosófico-religiosa, en una unidad dialéctica y en orden a edificar "una civilización total'. Esta defensa de los elementos populares y folklóricos gusta al pueblo. El pensamiento de Gramsci ha sido adoptado en España por una nueva élite de izquierdas, progresista, atea o agnóstica.

En 1982 el PSOE ganaba las elecciones generales y comenzaba a gobernar España. Sus dirigentes comprendieron que el cristianismo estaba tan arraigado entre los españoles, que no podían enfrentarse de nuevo con él, cara a cara, pues volveríamos a la situación de 1931. Era necesario, pues, dar un rodeo, minar, manipular la religión cristiana y sus instituciones, llevarla, reconducirla a sus intereses y, así, sería todo más fácil.

Con el triunfo del PSOE coincide la vuelta en España hacia la religiosidad popular. El PSOE se ha convertido en su gran defensor, no en cuanto religiosidad, sino en cuanto popular, convirtiendo la religión o la religiosidad en una cultura popular, propia del pueblo, no de la Iglesia, y menos de la Jerarquía Eclesiástica. Con ello pretende obtener puntos de ventaja sobre la misma Iglesia, o al menos sobre la Jerarquía Eclesiástica ante el pueblo amante de lo suyo y de sus tradiciones, pues la Iglesia postconciliar luchó contra las manifestaciones populares mientras que el PSOE las defiende.

A remolque del pueblo y de los defensores de lo popular y de lo religioso-popular, la Jerarquía Eclesiástica, al darse cuenta de que esa religiosidad popular se les escapa y podía ser utilizada contra la Iglesia Católica, comenzó a girar hacia ella lentamente.
En Andalucía están muy claros los pasos de vuelta de la Jerarquía Eclesiástica hacia la religión popular, lo que va a quedar manifiesto en tres documentos que marcan otros tantos momentos en este acercamiento:

• Documento sobre "El Catolicismo popular en el Sur de España", de la Navidad de 1975. Está claro que el tema ha llegado a la preocupación de los obispos, pero no les asusta. Todo se resolverá promoviendo el estudio acerca de la naturaleza y elementos de la religiosidad popular, proponiendo algunas observaciones que puedan ayudar a formar un concepto aproximado de su significación (línea intelectual), y aportando, en lo posible, algunas líneas prácticas pastorales para su renovación y desarrollo evangélico, que vendrán, también, en la línea de lo intelectual, esencial: catequesis, catecumenado, catequesis popular de la Eucaristía, formación para la oración, suspicacia ante ciertas devociones, compromiso social, etc.

• "Carta pastoral de los obispos de las provincias eclesiásticas de Granada y Sevilla, del 20 de febrero de 1985, El Catolicismo popular. Nuevas consideraciones pastorales". Los obispos comienzan a coger miedo y a preocuparse más del tema. Se dan cuenta del auge de la religiosidad popular, de su fomento por parte de las autoridades civiles (no olvidemos que el PSOE gobierna desde 1982), del interés científico por la religiosidad popular y reaccionan. Es una respuesta más positiva que la de 1975. Los obispos se interesan positivamente por la religiosidad popular, tratan de desvelar las posibles desviaciones: la posible ideologización y las manipulaciones del catolicismo popular, las interpretaciones culturales y su peligro reduccionista, y, aceptando ya la religiosidad popular tal cual, dan un elenco de orientaciones e iniciativas prácticas de tipo pastoral.

• Finalmente, en noviembre de 1988 fue promulgada la carta Pastoral de los Obispos del Sur de España "Las Hermandades y Cofradías", en la que los obispos claramente se manifiestan a favor de las hermandades y cofradías, piden su renovación, aclaran su dimensión cultural y, curiosamente, piden al clero que atienda mejor a las cofradías.

Evidentemente si los pastores no se preocupan las ovejas se dispersan. Los laicos, la mayoría sin formación, hicieron de su capa un sayo y resolvieron las distintas situaciones que se le presentaban de la forma que ellos entendían y, no podemos olvidar, la opinión mayoritaria, sigue siendo una guía de referencia moral.

De esos polvos, estos lodos. Nunca un refrán ha trabajado mejor. Aunque la situación se quiere variar, el daño está hecho. Tanto en las hermandades como en el pueblo que observa-ve, que sigue siendo actor principal de la fiesta. Esto explica lo visto en el video.

La izquierda buscó en las hermandades llenar la saca de votos, ahora, cuando ya no les sirven las desprecian y vejan.

La tele del «fuego amigo», la progresía más rampante, se ríe de las hermandades. Mientras, en Andalucía se sigue tocando el violón.

¿Quizás no tenemos más que lo que nos merecemos?.