martes, 27 de octubre de 2009

Fray Pascual Saturio, un dominico contra el Motu Proprio



La liberación total del Misal del Beato Juan XXIII hace ya dos años, por parte del Romano Pontífice Benedicto XVI ha sido una bendición y un regalo para toda la Iglesia.

Los que como yo, hemos nacidos y vividos bajo el Novus Ordo, el Usus Antiquior ha supuesto el encuentro con un verdadero tesoro litúrgico, una espiritualidad riquísima, con la que la Iglesia se ha conducido durante siglos.

Sólo una persona acomplejada, con prejuicios, totalmente obtusa, puede ver una cosa distinta a la que es, es decir, "la continuación del oficio sacerdotal de Jesucristo por medio de la Sagrada Liturgia" (Mediator Dei 5); al fin y a la postre la Liturgia a la que han asistido y participado tantos y tantos fieles y santos.

Fray Pascual Saturio, O.P. ha escrito un lamentable artículo que deja en el lector una extraña mezcla de rabia y pena. Rabia por la manera con la que un hijo de Santo Domingo de Guzmán arremete tan injustamente contra la doctrina de la Iglesia. Injusta, torticera y mentirosamente. Rabia porque se permita que este fraile cause tanto dolor a los fieles, sin que nadie le llame a capítulo.

Y también pena. Pena porque la iracundia con la que se expresa el fraile es el reflejo de una vida frustrada, una vida de oposición a todo lo que es la doctrina de la Iglesia: una verdadera lástima, pero no por ello incomprensible.

Para estas personas el telón cae definitivamente. La fantasía en la que habían vivido, un cristianismo sin Cristo, sin el Señor, sino en manos de un revolucionario, un muñequito muy bonito pero que no se corresponde con la fe de la Iglesia, esa fe que nos transmitieron los Apóstoles, la fe vivida por los santos y los fieles, la gente sencilla, en definitiva, la fe en ese Dios "en el que vivimos, nos movemos y existimos" (Hech 17,28), contra la que este tipo de personas han estado luchando toda su vida, nunca se fue.

Los frutos de los que como Fray Pascual se mueven en el rupturismo, de los que han reinventado y reinterpretado el Concilio Vaticano II torticeramente, engañando al pueblo (¿a cuántos habrá confesado Fray Pascual ofreciéndole «su» doctrina y no la fe de la Iglesia? Mejor no pensarlo) se cuentan por muertos, y ya se sabe que Dios no es «un Dios de muertos, sino de vivientes» (Mt 22,32). Él es «el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob» (Mt 22,32).

Este dominico está pidiendo por caridad que le llamen al orden, que lo manden a un retiro. Lo necesita. Por eso brama y echa espumarajos por la boca, contra lo más precioso, contra la Iglesia, atacando indirectamente al Romano Pontífice.

Afirma Fray Pascual Saturio, O.P., que esa Liturgia era una expresión de una manera de pensar. Claro. Lex orandi, lex credendi. Igual que el Novus Ordo. Efectivamente, tal como lo afirma Sacrosanctum Concilium 7:

Con razón, pues, se considera la Liturgia como el ejercicio del sacerdocio de Jesucristo. En ella los signos sensibles significan y, cada uno a su manera, realizan la santificación del hombre, y así el Cuerpo Místico de Jesucristo, es decir, la Cabeza y sus miembros, ejerce el culto público íntegro. En consecuencia, toda celebración litúrgica, por ser obra de Cristo sacerdotes y de su Cuerpo, que es la Iglesia, es acción sagrada por excelencia, cuya eficacia, con el mismo título y en el mismo grado, no la iguala ninguna otra acción de la Iglesia

Para Fray Pascual es triste volver a esa mentalidad, sea esta la que sea, porque ¿se ha ido acaso? No hay otra doctrina, es la misma, lo que hemos recibido. Por eso siguen vigente los mandamientos. Sexto y el noveno inclusives. Siguen resonando las palabras de San Pablo donde dice el apóstol de los gentiles:

No sabéis acaso que los injustos no heredarán el Reino de Dios? ¡No os engañéis! Ni los impuros, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los ultrajadores, ni los rapaces heredarán el Reino de Dios (1 Cor 6, 9.10).

Piensa Fray Pascual Saturio, O.P., que la forma extraordinaria de la Iglesia es una Liturgia sin vida. Es el único consuelo que le queda ante tanto dolor, pero por mucho que se quiera engañar, lo cierto y verdad es que las Misas están llenas de jóvenes.

Son los estertores de un mal sueño de unos miembros de la Iglesia que están viendo que su tiempo llegó a su fin, si es que alguna vez fue.

¡Qué pena de Fray Pascual!

Lo que otros dicen: La Cigüeña de la Torre (I); La Cigüeña de la Torre (II)