domingo, 1 de febrero de 2009

Un desafortunado artículo en el ABC de Sevilla contra la Misa de Juan XXIII


«Involución»; «Si la Eucaristía es participación, el viernes en el Silencio solo participó el cura»; «Todo en latín, la comunión de rodillas y los fieles sin enterarse de lo que musitaba el sacerdote revestido a usanza»; «Trento puro. Y duro»

Con estas desafortunadas, duras y ofensivas palabras, se refiere el columnista de ABC y director del programa El Llamador (dedicado al mundo de las cofradías) Francisco José López de Paz – o José Cretario, el pseudónimo que utiliza para escribir sobre temas cofradieros los domingos -, a la Misa según la forma extraordinaria celebrada el pasado viernes en la Hermandad del Silencio.

Palabras hirientes, dolorosas, impías, dirigidas contra la forma extraordinaria de la Liturgia de la Iglesia, el Misal del beato Juan XXIII, que S.S. Benedicto XVI ha tenido a bien liberar.

Palabras, además, que muestran el desconocimiento y la ignorancia de un periodista que precisamente, por su oficio, debería estar bien informado, valga el oxímoron.

Como enseña la Iglesia, La Eucaristía es sacramento. El Catecismo en su número 1131 dice que

los sacramentos son signos eficaces de la gracia, instituidos por Cristo y confiados a la Iglesia por los cuales nos es dispensada la vida divina. Los ritos visibles bajo los cuales los sacramentos son celebrados significan y realizan las gracias propias de cada sacramento. Dan fruto en quienes los reciben con las disposiciones requeridas.

La Eucaristía es la fuente y el culmen de la vida eclesial (LG, 11).

La Eucaristía significa y realiza la comunión de vida con Dios y la unidad del Pueblo de Dios por las que la Iglesia es ella misma. En ella se encuentra a la vez la cumbre de la acción por la que, en Cristo, Dios santifica al mundo, y del culto que en el Espíritu Santo los hombres dan a Cristo y por él al Padre (Eucharisticum mysterium, 6).

Ahora bien, la Eucaristía no sólo es sacramento, también es sacrificio. La Eucaristía es el Santo Sacrifico, «porque actualiza el único sacrificio de Cristo Salvador e incluye la ofrenda de la Iglesia» (CIC 1.330). La Santa Misa es el Sacrificio del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, es la renovación del sacrificio de Cristo en la cruz que se realiza de forma incruenta.

En definitiva, «la Eucaristía es fuente y culmen de toda vida cristiana» (Compendio CIC, 274); en ella Jesucristo está presente «de modo verdadero, real y sustancial» (Compendio CIC, 282)

Como dice el Motu Proprio Summorum Pontificum, el Misal del beato Juan XXIII es la expresión extraordinaria de la misma Lex Orandi: el misal del Pablo VI y el del beato Juan XXIII son dos usos del mismo rito (SP 1). Por ende, no hay misa según el rito tridentino. Ni puro, ni punto.

¿Es justo entonces, el desprecio con el que este periodista se refiere a la forma extraordinaria de la liturgia de la Iglesia? ¿No es acaso el mismo sacrifico, el mismo sacramento? Abracadabrante.

En otro orden de cosas, que la misa se diga en latín es un inconveniente, según indica José Cretario: los fieles no se enteran de nada. Omite,olvida o simplemente desconoce, José Cretario que la asociación Una Voce Sevilla reparte una separata que contiene el ordinario de la misa en latín y en español, en dos columnas separadas.

La actitud que muestra el periodista es antiecuménica y racionalista. La liturgia es una vivencia de toda la realidad del hombre, que afecta a su entendimiento, sensibilidad y afectividad. La liturgia trasciende la comprensión humana, de ahí que sea accesible a todas las personas, cultas e incultas, sencillas y sabias. ¿Está queriendo indicar Francisco José López de Paz que la Iglesia, hasta el año 1.969, estaba haciendo inaccesible la liturgia a los fieles?

Es como si para entender una obra de arte – salvando las distancias -, por ejemplo el Discóbolo, fuese necesario conocer griego. Absurdo

También olvida el articulista de ABC – o acaso desconoce – que las liturgias orientales, siguen utilizando una lengua incomprensible para la mayoría de los fieles; es más, la consagración se oculta a los fieles tras el iconostasio. Como se puede ver, el ecumenismo de Francisco José López de Paz brilla por su ausencia, ya que, las desabridas palabras que utiliza contra la Misa de Juan XXIII, se pueden dirigir contra los ritos orientales (éstos sí son ritos).

Finalmente, la constitución Sacrosanctum Concilium, dice en su número 36, lo siguiente:

36. § 1. Se conservará el uso de la lengua latina en los ritos latinos, salvo derecho particular.
§ 2. Sin embargo, como el uso de la lengua vulgar es muy útil para el pueblo en no pocas ocasiones, tanto en la Misa como en la administración de los Sacramentos y en otras partes de la Liturgia, se le podrá dar mayor cabida, ante todo, enlas lecturas y moniciones, en algunas oraciones y cantos, conforme a las normas que acerca de esta materia se establecen para cada caso en los capítulos siguientes.
§ 3. Supuesto el cumplimiento de estas normas, será de incumbencia de la competente autoridad eclesiástica territorial, de la que se habla en el artículo 22, 2, determinar si ha de usarse la lengua vernácula y en qué extensión; si hiciera falta se consultará a los Obispos de las regiones limítrofes de la misma lengua. Estas decisiones tienen que ser aceptadas, es decir, confirmadas por la Sede Apostólica.
§ 4. La traducción del texto latino a la lengua vernácula, que ha de usarse en la Liturgia, debe ser aprobada por la competente autoridad eclesiástica territorial antes mencionada.

En ningún lugar dice que el latín esté prohibido. Es más, dice que se conservará el uso del latín en los ritos latinos.

Resta hablar de la participación de los fieles. Según escribe Francisco José López de Paz,

Si la Eucaristía es participación , el viernes en el Silencio solo participó el cura

Aunque la expresión es oscura, por la orientación que le da al texto, parece que el director del El Llamador, de Canal Sur Radio, se quiere referir a la actuosa participacio de la que habla la Constitución Sacrosanctum Concilium. Pero, ¿qué es lo que dice el Concilio? Acudamos al mismo.

En el capítulo 11 de la Sacrosanctum Concilium, leemos lo siguiente:

11. Mas, para asegurar esta plena eficacia es necesario que los fieles se acerquen a la sagrada Liturgia con recta disposición de ánimo, pongan su alma en consonancia con su voz y colaboren con la gracia divina, para no recibirla en vano. Por esta razón, los pastores de almas deben vigilar para que en la acción litúrgica no sólo se observen las leyes relativas a la celebración válida y lícita, sino también para que los fieles participen en ella consciente, activa y fructuosamente.

¿Está reduciendo la actuosa participatio al idioma? Evidentemente, lo que entiende el periodista José Cretario no es lo mismo que entiende la Iglesia. La clave la podemos leer en SC 48:

48. Por tanto, la Iglesia, con solícito cuidado, procura que los cristianos no asistan a este misterio de fe como extraños y mudos espectadores, sino que comprendiéndolo bien a través de los ritos y oraciones, participen conscientes, piadosa y activamente en la acción sagrada, sean instruidos con la palabra de Dios, se fortalezcan en la mesa del Cuerpo del Señor, den gracias a Dios, aprendan a ofrecerse a sí mismos al ofrecer la hostia inmaculada no sólo por manos del sacerdote, sino juntamente con él, se perfeccionen día a día por Cristo mediador en la unión con Dios y entre sí, para que, finalmente, Dios sea todo en todos.

¿Está diciendo el director de El Llamador que los fieles no eran conscientes de que se estaba asistiendo al Sacrificio de la Misa?, ¿o acaso que desconocían el Gloria, Kyrie, Confíteor, Credo, etc y su significado? ¿Nos quiere advertir que los fieles no recibieron el sacramento con piedad? ¿Pero no lo hicieron de rodillas?

Para terminar dos anotaciones: la primera, la Eucaristía la preside Cristo: el sacerdote lo hace en su nombre – en su persona - ; la segunda, la Misa de San Pío V es la Misa bajo la cual la Hermandad del Silencio ha desarrollado la mayor parte de su historia.

En resumen, desafortunado artículo el publicado hoy por José Cretario en el ABC. El periodista no ha tenido el gusto de leerse el Motu Proprio Summorum Pontificum. Es más, muestra una ignorancia supina en lo que refiere a la doctrina eclesial.

A esto hay que añadir su falta de caridad y de comunión con el Romano Pontífice.

Ofensivo artículo.

Un verdadero despropósito.