sábado, 27 de diciembre de 2008

Un artículo que no debe estar ni un minuto más en la página de la CEE



Desde la promulgación del Motu Proprio Summorum Pontificum, por Benedicto XVI, hemos escuchado muchas voces que nos avisaban de la catástrofe que se avecinaba por la liberación de la, ahora llamada, forma extraordinaria de la liturgia de la Iglesia. Curiosamente al coro que formaban los de siempre, se unían algunos cantantes a los que, igual que a los soldados la valentía, se les presuponía la eclesialidad. Y también, sorpresivamente, muchos de los en otro tiempo beligerantes contra la Iglesia, aplaudían la medida tomada por el Romano Pontifice, quizás porque recuperaba algo que les pertenecía de alguna manera, propio de nuestro bagaje cultural, aunque no pertenecieran de hecho a la Iglesia. Pero lo que era impensable de todas, todas, era que el quintacolumnismo estuviese asentado en Añastro, en la propia casa de los obispos.

Pues así es. En la página de la Comisión Episcopal de Liturgia, vicaria de la web de la CEE, el Director del Secretariado de dicha comisión, Juan María Canals, ha escrito un artículo que deja en muy mal lugar a la CEE.

Dicho escrito muestra veladamente - ¿o más bien visiblemente? -, el descontento que dicho señor - ¿o la Comisión Episcopal de Liturgia? – muestra con el Motu Proprio. Como desconozco si dicho artículo ha sido publicado motu proprio (valga el juego de palabras) o más bien ha obedecido a órdenes directas de un superior, habrá que quedarse con el primero de los dos enunciados que forman la disyunción anterior: que muestra la opinión personal de Juan María Canals, dejándolo además en muy mal lugar.

El artículo es un despropósito de cabo a rabo. Lo podemos ver en el título: A propósito del regreso a la «Misa Preconciliar». Como todo el mundo sabe, la Misa del Beato Juan XXIII, que fue el último que la reformó, estuvo vigente hasta el año 1.969, es decir, hasta cuatro años después de la clausura del Concilio Vaticano II. Evidentemente, llamar así al uso antiquor de la Iglesia, puede estar causado por desconocimiento, lo que nos llevaría a preguntarnos por los requisitos necesarios para ser Director del Secretariado de la Comisión Episcopal de Liturgia, o más bien es una denominación peyorativa con la que atacar la liturgia tridentina.

Sea lo que fuere, es un contrasentido que dicho artículo cuelgue de dicha web. Y no debería estar ni un minuto más allí. Paso a desgranar las razones para ello.

Dice Juan María Canals que el Motu Proprio al provenir del Romano Pontifice, «ha de ser recibido con respeto y atención». Pero, ¿sólo respeto y atención? Habrá que tenerlo en cuenta en algo más, ¿no?. El respeto y la atención se pueden aplicar perfectamente a cualquier tipo de documentos, sin embargo, es necesario advertir que el autor del mismo es el Papa, no ZP. Curiosas palabras las del Director.

Continúa el responsable del escrito, poniendo en duda si se logrará el objetivo que quiere el Papa - «la cuestión que ahora se plantea es si se logrará este objetivo», escribe -; fin que nos descubre el señor Canals un poco más adelante:

El Papa desea la reconciliación con los seguidores de Monseñor Lefebvre; se trata de un claro gesto en esa dirección, aunque sabe bien que las diferencias no son sólo litúrgicas

Esta llamada de atención a la reconciliación con los lefebvrianos pertenece a la sinfonía de confusión que orquesta todo el documento. El Motu Proprio está dirigido a los católicos que desean celebrar con los libros litúrgicos de Juan XXIII, evidentemente esto tiene su segunda derivada, que es la reconciliación con los seguidores de Lefevbre, pero no es a ellos a quienes van dirigidos.

La reconciliación con los seguidores de Lefevbre no es cosa de este Papa. También Juan Pablo II, el Magno la quería, ¿para qué promulgó entonces el Motu Proprio Ecclesia Dei, sólo dos días después de las ilegítimas ordenaciones de Lefevbre? Es más, es de prever que el Sr. Canals desee también la comunión plena con los seguidores de Lefevbre, ¿o no?

Advierte el señor Canals que las diferencias con los lefebvrianos no son sólo litúrgicas, cosa que el Papa conoce - ¿o es que está insinuando lo contrario? -, lo que es contradictorio con el objeto del Motu Proprio según Canals. Un lío vamos.

Por otro lado, el documento es sibilino, de esta manera escribe que

el Motu Proprio se dirige en primer lugar a los católicos fieles al Papa y respetuosos con la autoridad del Concilio que desean poder celebrar la liturgia con los libros litúrgicos de 1962.

Está al alcance de todo el mundo que la potestad papal es suprema, plena, inmediata y universal en toda la Iglesia, es decir, el Motu Proprio está dirigido a todos los católicos. Acotar el término católico en el sentido de «católico fiel al Papa y respetuoso con la autoridad del Concilio», es llamativo, porque parece un intento de redefinición semántica. ¿Hay, acaso, católicos no fieles al Papa? ¿se puede ser católico sin Pedro? No queda la cosa aquí ya que surgen otras preguntas, ante tantas apreciaciones. Así, ¿qué se quiere decir con «la autoridad del Concilio»? ¿Olvida Canals que según el c.541 del CIC los decretos del concilio ecuménico «solamente tienen fuerza obligatoria si, habiendo sido aprobados por el Romano Pontífice juntamente con los padres conciliares, son confirmados por el Papa y promulgados por mandato suyo»? ¿Quiere volver a las teorías conciliaristas, condenadas por el V Concilio Lateranense?

Por otro lado, la pregunta - ¿irónica?- sobre cómo deben entenderse las afirmaciones de S.S. Pablo VI en la Constitución Missale Romanum, siembran inquietud en el fiel católico (esperamos que no respondan a la voluntad del autor, sino más bien a falta de advertencia y consentimiento).

El mismo Benedicto XVI ha dicho que el misal de Juan XXIII no fue nunca abrogado, luego por ende, habrá que entenderlo de esa manera. Pablo VI, en el Consistorio de 24 de Mayo de 1.971, escribió lo siguiente:

Instructione autem edita die quarto decimo mensis Iunii anno millesimo nongentesimo septuagesimo primo provisum est, ut Missae celebratio antiquo ritu sineretur, facultate data ab Ordinario, tantummodo sacerdotibus aetate provectis vel infirmis, qui Divinum Sacrificium sine populo offerrent.

Luego de hecho, el Misal no fue abolido jurídicamente; es más, el Papa Juan Pablo II en el año 1.984 concedió la facultad de utilizar dicho misal. Queda claro que la pregunta, sobra, a no ser que se le de la correspondiente respuesta; es posible que el señor Canals deseara insinuar otra cosa. Pero mejor será correr un tupido velo al respecto, velo que él se empeña en descorrer con el siguiente párrafo:

En esta misma línea, se puede plantear el problema de la coexistencia de dos fórmulas sacramentales, tanto en la celebración eucarística como en la celebración de la Confirmación, cuyas fórmulas pstconciliares están contenidas en las respectivas Constituciones Apostólicas, documentos de rango superior al Motu Proprio

¿Invita pues el señor Canals a desobedecer al Papa? Curioso.

El señor Canals, ve «llamativo» que la responsabilidad de celebrar la misa se desplace del Obispo al sacerdote y que finalice el párrafo diciendo que «ningún sacerdote puede ser obligado a celebrar con el misal de 1962», cosa que sinceramente no se entiende. El adagio «salus animarum suprema lex est», sigue operativo a día de hoy. El primer puesto lo ocupa el cumplimiento del deber pastoral, no el disfrute del beneficio. El párrafo anterior difícilmente cabe en un contexto eclesial.

Pone el Director del Secretariado la tirita antes que salga la herida, mostrando además sus fobias lefebvrianas (¿olvida Canals que Lefebvre no es un hereje, como Lutero, Calvino & cía?), cuando dice:

Debemos subrayar que la carta afirma que la carta afirma que «tampoco los sacerdotes de las comunidades que siguen el uso antiguo pueden, en principio, excluir la celebración según los libros nuevos. Esto es muy importante. Es un modo suave, pero firme, de hacer reconocer a todos, incluso a quienes tienen simpatías lefebvrianas, que la Misa postconcilar es la Misa ordinaria de la Iglesia católica de Rito romano, y nadie puede rechazar su celebración como si no fuese válida.

Frente a lo anterior cabe preguntarse quién es el que tiene simpatías lefebvrianas, ¿los fieles que quieren la Misa de Juan XXIII, por cierto celebrada actualmente en todo el orbe católico, como muestra la página de Una Voce Málaga? ¿O son, quizás los que, habiendo nacido con el Novus Ordo – como yo, por ejemplo -, ahora asistimos lo mismo a la Misa de Pablo VI que a la de Juan XXIII? Por otro lado, ¿qué es tener simpatías lefebvrianas? ¿celebrar la misa con el Misal de Juan XXIII? ¿Esto convierte a alguien en simpatizante de Lefevbre? ¿No habíamos quedado que las diferencias con Lefebvre no eran litúrgicas? Esta apreciación, viniendo de quién viene, de todo un Director del Secretariado de la Comisión Episcopal de Liturgia es muy poco afortunada, por llamarla de alguna manera.

Hay dos cuestiones del Motu Proprio, al entender de Juan María Canals, que son problemáticas: una, el latín (dice que no se puede identificar latín – liturgia preconciliar, cosa que seguramente sólo haga él; de todas formas lo cierto y verdad es que los hechos se encargan de desmentir esa afirmación ya que ¿cuántas misas del Novus Ordo se hacen en latín?); la otra, la pérdida de riqueza que supone el leccionario actual, lo que afectaría a la predicación.

Que con la reforma litúrgica hubo un enriquecimiento del leccionario es incuestionable, tanto como las críticas dirigidas por los cardenales Ottaviani y Bacci (que desde luego no eran unos iletrados) a este respecto. Pero esto no implica que se empobrezca en consecuencia la predicación. El leccionario y la predicación tienen relación, pero nunca la de causa – efecto. ¿Qué pasa entonces con las homilías de, por ejemplo, el Beato Fray Diego de Cádiz, que movía a las masas, y la de tantos y tantos predicadores, santos o no? Es más, ¿tenían los apóstoles leccionarios? Para mejorar la predicación, mejore la formación en los seminarios, mejore la vida de piedad de los sacerdotes, para que muestren a Cristo en sus homilías y no a los hombres, pero no involucre al leccionario.

Tampoco se entiende muy bien la afirmación realizada sobre la oración de los fieles y el Canon Romano:

será empobrecedor abandonar la oración de los fieles y volver a la única plegaria eucarística, el Canon romano, venerable por su antigüedad, pero menos que la actual Plegaria eucarística II, más antigua.

Que el Novus Ordo haya enriquecido la eucología, no quiere decir que el canon Romano empobrezca la liturgia. Con esa liturgia se ganó un continente, América, para la Iglesia. Parece que el señor Canals no sabe establecer gradaciones correctamente.

Por último, acaba Juan María Canals con dos errores graves. El primero de índole lógico, una inducción errónea, el segundo semántico. Dice lo siguiente:

donde la misa celebrada en su forma ordinaria se haga bien, no habrá tentación de pasar a la forma extraordinaria

Comenzando por el final, quiero enfatizar que hablar de la «tentación de pasar a la forma extraordinaria», es totalmente inadecuado. La palabra tentación tiene unas connotaciones teológicas (Solicitación al pecado inducida por el demonio) que su aplicación, a la intención de ir a Misa según la forma extraordinaria, es impropia teológicamente hablando; es un auténtico despropósito, como todo el artículo.
La misa es una, sea cual sea su forma. Asistir a Misa según la forma extraordinaria no es ninguna tentación. O es tanto como el asistir a Misa según la forma ordinaria.

Respecto a lo primero, Juan María Canals realiza una inducción errónea. La cuestión de la Misa según la forma extraordinaria es más espiritual y piadosa, que de celebración adecuada del Novus Ordo.
Resumiendo, fallido artículo el del Secretario Técnico de la Comisión Episcopal de Liturgia. Por momentos sus posturas parecen cercanas a los que hacen una lectura radical del Concilio Vaticano II, más que a la hermenéutica de la continuidad, de la que tanto habla nuestro Romano Pontífice.

Este artículo deja en mal lugar tanto a su autor como a la CEE.

No debería estar más tiempo colgado en la web de la CE. Si ha estado ahí durante todo este tiempo muestra que no es una de las páginas más visitadas de internet. Pero eso no es óbice para que, lo afirmado en el escrito del Canals, sea lamentable.