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miércoles, 3 de octubre de 2012

El nuevo libro de Monseñor Munilla, ¿hay necesidad?




Antaño, cuándo había fe, los obispos, preocupados por la salvación de las almas de sus fieles, escribían libros de espiritualidad. San Francisco de Sales y San Antonio María Claret, son buenos ejemplos.

Hogaño, los obispos se dedican a otra cosa.

La BAC anuncia la publicación de un libro – entrevista de Monseñor Munilla. El volumen se intitula «Creo, pero aumenta mi fe (Diálogos sobre el Credo con Mons. Munilla). Será otro de esos libros que se apilarán en las estanterías de las librerías y, cuando pase algún tiempo, será retirado con no sé cuál destino.

Yo me pregunto que si, con un mercado editorial tan saturado, si la publicación de este volumen es necesario. Sobre todo, con la cantidad de obras maestras que esperan su edición u reedición, como puede ser la Suma Teológica de Santo Tomás, con los comentarios de los venerables maestros dominicos, cuya publicación por parte de la BAC va a paso de tortuga.

Del «Camino recto y seguro para llegar al cielo», al libro de Munilla.

Son los tiempos.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Josef Pieper: Una teoría de la fiesta



En comparación con la falsificación de una fiesta ya institucionalizada, mediante el sofoco producido por aditamentos seudofestivos, la creación de nueva planta, en virtud de una decisión parlamentaria, digamos, la feria ex senatusconsulto, la fiesta fundad por el mismo hombre, la fiesta, por tanto, artificial, es un hecho relativamente diáfano, aunque se trate en el fondo de una seudofiesta de cuya falsedad difícilmente se percata el afectado por ella. Ciertamente, todas las fiestas, en algún modo, están «hechas» por el hombre, que no sólo las celebra, son también las organiza. Todo lo empíricamente captable de una fiesta, incluso de las grandes y tradicionales, desde su fijación en un determinado día del calendario hasta la estructura concreta del sacrificio, de las ceremonias, de las procesiones, etc., todo eso es, indudablemente, «instalación humana». No obstante se mantiene en pie el principio de que la fiesta es un día «que hizo el Señor» (Ps., 117,24). Se mantiene en pie porque el hombre bien puede hacer la celebración, pero no lo que se celebra, el motivo y el fundamento por el que se celebra, el motivo y el fundamento pro el que se celebra. La felicidad de haber sido creado, la bondad esencial de las cosas, la participación en la vida divina, la victoria sobre la muerte, todos esos motivos de las grandes fiestas tradicionales son puro don. Dado que nadie puede regalarse a sí mismo una cosa, tampoco puede haber verdadera fiesta fundada única y exclusivamente por el hombre.

En cualquier punto de la Historia en que se encuentren fiestas artificiales puede adivinarse una evidencia humana muy peculiar; concretamente, la pretensión del hombre, sobre todo como comunidad política, de procurarse la propia salvación, así como también la del mundo. La apariencia de tal plenitud de poder puede provocarse siempre, suponiendo que la propaganda política se ocupe suficientemente de ello. Incluso puede mantenerla durante cierto tiempo. Precisamente ése es el terreno sobre el que la fiesta artificial puede prosperar e incluso desplegar una fascinación más o menos convincente, sobre todo cuando la fuerza armada de las seudoartes, de la diversión, de lo sensacional y de la ilusión manipulada contribuyen a ello y además, quizá, el gobernante ordena y controla la «espontánea alegría de la fiesta».

Una teoría de la fiesta, Josef Pieper, ed. Rialp, pp. 78-89

viernes, 14 de octubre de 2011

Iglesia Inc.


Los obispos españoles viven en plena contradicción. Sólo hace falta escucharlos hablar de lo mal que está la sociedad y de la secularización de la Iglesia para, a continuación, contrastar las palabras con las medidas tomadas para remediar dicha situación.

Un ejemplo lo tenemos en las catequesis.

Los libros son deleznables - siendo benevolentes -. Les expongo el caso del libro que se usa en el colegio de mi hijo, en el segundo año de catequesis. El volumen es de la editorial San Pablo y se titula «Jesús nos quiere». Aparte de lo histriónico que resulta pintar al Señor con una túnica blanda adornada de una gran J en el pecho, como si fuese el Hombre de Acero, presten atención sobre lo que dicen del Señor resucitado:

A Jesús resucitado lo podemos reconocer:

· en la Iglesia.
· en los sacramentos.
· en la Palabra de Dios.
· cuando hacemos el bien.
· porque él ha vencido el mal y la muerte.
¿Qué tal? Nada de la presencia real y sustancial de Cristo en la Eucaristía. En la Eucaristía está Cristo, con su cuerpo, sangre, alma y divinidad.

Ese libro cuenta con el imprimatur de D. Francisco Conesa Ferrer, Vicario General del obispado de Orihuela – Alicante. Además, es un material complementario al nuevo Catecismo de la CEE, Jesús es el Señor. Habría que decir que, para este sacerdote, un niño de 8 años no está preparado para saber que Cristo está presente en la Eucaristía.

Asistimos no sólo al colapso de la transmisión de la fe, sino de la fe misma. Y todo ello con el beneplácito de los obispos. De ahí que sea legítimo preguntarse el porqué se quejan tantos nuestros monseñores.

Los obispos presentan la tendencia cada vez más acuciada de parecerse a los managers de empresas. Ellos están para los grandes eventos, como las JMJ, los planes pastorales, etc. La realidad no va con ellos.

Son los gestores de la Iglesia Inc.


¡Señor ven pronto!

jueves, 28 de julio de 2011

Dión Casio

La Biblioteca Clásica Gredos realiza una labor meritísima en la traducción y edición de los clásicos de la cultura griega y latina.

Ediciones cuidadas, de alta calidad, con unas introducciones muy bien hechas además de una gran profusión de notas que acompañan la lectura, convierten estos libros en unas verdaderas joyas.

viernes, 4 de abril de 2008

Yo no



20 de Abril de 1.933. Volz, el comisario del Estado para la salvaguarda de los asuntos del burgomaestre del distrito, en Lochtenberg, despide a un funcionario porque es sospechoso de realizar «actividades hostiles al Estado».

El 22 de Abril, el jefe del negociado le comunica oficialmente lo que ya era una realidad de hecho: quedaba relegado de la dirección de la escuela nº 20 y apartado del servicio hasta nueva orden. Sus antecedentes no garantizaban que él defendiera «en todo momento e incondicionalmente el Estado nacional».

La administración se mostraría a su vez irónicamente generosa: le daría una pensión de apenas 200 euros y el subsidio por hijos. Povertät.

1.934. Hitler tras el Putsh de Röhm, se alza como autócrata: «los gobernantes empezaron a interferir claramente en la vida cotidiana». Nuestro funcionario es llamado al ayuntamiento de Lichtenberg. A partir de ahora se le prohibe impartir clases particulares.

«Un Estado que convierte todo en una mentira no debe entrar en nuestra casa. Al menos en el seno de mi familia no quiero estar sometido a la tan extendida costumbre de mentir», dijo el funcionario a su familia.

Aunque todos participen, «Etiam si omnes, ego non!». Esta frase del Evangelio de San Mateo, fue escrita por sus hijos, por mandato de este funcionario, de este hombre.

El funcionario era Johannes Fest, padre de Joachim Fest, que nos cuenta sus memorias de juventud en el libro «Yo no», donde, en el cual, como nos indica el subtítulo, nos presenta «el rechazo del nazismo como actitud moral». Su padre, Johannes Fest, católico, no se dejó doblegar por el régimen nazi.

Estamos ante un libro ejemplar, muy edificante, especialmente recomendado para estos días de zozobra.